No obstante, el otro día, leyendo la novela de Lucía Etxebarría Un milagro en equilibrio, me encontré un fragmento que me hizo reflexionar acerca de ello y mucho. Porque, ¿qué es lo que piensas de esas revistas que leías y releías, marcabas páginas, guardabas y archivabas escrupulosamente cuando lo piensas después de algunos años?Aquí os trascribo el fragmento literal del libro a ver qué os parece...:
"Eso por no hablar de lo poco coherentes que son [las revistas]. En la misma revista te dicen, en un artículo, que al bebé hay que darle de comer cada cuatro horas y procurar que se acostumbre a dormir solo ('la opción del doctor Estivill', para entendernos), mientras que diez páginas más adelante, en otra sección diferente, defienden las virtudes del colecho y de la lactancia a demanda ('la opción del doctor González').
El problema de estas publicaciones es que son como los libros de autoayuda o las revistas femeninas: es fácil establecer una relación de amor-odio con ellas, porque por uh lado mantienen estereotipos sexistas y anticuados, pero por otro ¿quién más te habla de tus problemas específicos? Y una embarazada o una madre primeriza se siente siempre sola y desprotegida, y desesperadamente necesitada de información, de una mano amable que la guíe a través del misterio y la confusión de la maternidad y de su propio cuerpo. Así que, a regañadientes, acabé suscribiéndome a Padres, porque más valía tragarme tonterías que encontrarme sin saber qué hacer el día en que me diera un cólico".